aeroport prat.jpg
aeroport prat.jpg

Sembraré Recuerdo

Julio Fernández Peláez, Titulado en Dirección y Dramaturgia por la ESAD de Vigo Estudios de Bellas Artes y Escenografía. Dramaturgo, escenógrafo, poeta, narrador… Desarrolla su labor artística y literaria desde 1989. Ha participado en numerosos eventos de arte de acción y performance. Desde 2009 a 2011 coordinó el ciclo de poesía experimental ‘Poéticas para una vida’, en el Museo Verbum, de Vigo. Es fundador y director de la revista de artes escénicas NÚA. Como director de teatro, sus últimos montajes son:Julieta Virtual(2013), y Esgotar os ollos (2012), con la compañía AnómicoTeatro.

Un mirada sobre el texto Sembraré Recuerdos de Julio Fernández Peláez.

 

Reseña de María Jesús Bajo Martínez.

 

Julio Fernández Peláez cuenta con una dilatada y diversa trayectoria en el mundo de las artes escénicas, desde su trascendental papel en Ediciones Invasoras, a la dirección del festival Poéticas para una Vida, pasando por el novedoso proyecto de revista NUA. Como dramaturgo tiene en su haber una treintena de obras, muchas de las cuales han sido premiadas y llevadas a escena, especialmente por la compañía Anómico Teatro, como Anxos abandonados en mosaicos, Mer o lo invisible, Paisajes de extinción, Chuvia, Optimismo Florence, Ensayo sobre la lejanía, Preferiría no hacerlo o Julieta virtual.

Sembraré recuerdo sigue fiel a la trayectoria de su autor de compromiso social e histórico en sus textos. Nos presenta el devenir de una familia marcada por los trágicos sucesos que le acaecieron en la Guerra Civil española y en la inmediata posguerra. La obra se convierte en un retrato en blanco y negro de una época y de unos personajes que no aspiran más que a la justicia, no al espectáculo, como el propio autor puntualiza. Nacho Ortega en su acertado prólogo a la obra de Fernández Peláez Suhaila, texto ganador del IV Premio Dulce por Amargo, escribe que “el propio hecho teatral nos debe definir como cronistas de nuestra época”, en este sentido y ahondando en la propuesta de Ortega, el autor se convierte en esta obra en cronista de otra época, o quizás de todas las épocas, por lo que la barbarie tiene de similar y permanente.

La acción transcurre en varias décadas y diferentes espacios, hasta continentes, pues la historia que comienza en un pueblo de España en plena Guerra Civil, finaliza en América. No obstante, la mayor parte de la trama y los principales hechos desencadenantes se desarrollan durante la guerra y la posguerra. Es una historia familiar, tanto porque narra el devenir de los miembros de una familia, como por ser el fruto de un hecho tristemente conocido por todos.  Cada miembro de la familia adoptará una actitud ante la violencia y la represión sufrida, desde la total evasión del menor de los hijos, al enfrentamiento directo de los padres en su intento de acabar con el dictador, pero cuyo resumen sería, la necesidad de recordar.

La obra se divide en 20 escenas que se interrumpen para continuar posteriormente. Los hechos se muestran fragmentados, según la percepción de los protagonistas. Esta estructura imprime al texto gran agilidad, además de aumentar la intriga y despertar la más viva imaginación del espectador/lector. Pasa de las técnicas narrativas de algunas escenas a un estilo lírico en otras, que se convierte en largo poema en la escena quince. El uso del lenguaje es certero, hasta lapidario en algunas sentencias. El texto está repleto de simbolismo, como en la constante referencia al color azul, a los molinos que agitan los sueños o a las nubes plateadas. La España popular y atávica está presente en la obra, detrás de los personajes, y se deja ver en la canción de la molinera que se convierte casi en la banda sonora, o el recurso de la anáfora en la escena ocho, que tanto puede recordar a los cuentos infantiles. Y por supuesto, en esa sombra que planea sobre la escena, el zangarrón, tan unida a los quintos y sus fiestas, y que se relaciona también con el persistente tópico popular de que la milicia convertía a los jóvenes en hombres, frente a la opinión de la madre que asegura que “hacerse hombre es convertirse en bestia”.

Las indicaciones escenográficas sobre los diferentes espacios son escasas, salvo en aquellas escenas en que especifica que el suelo está parcialmente cubierto por mantas. Las mantas adquieren un carácter simbólico al ser el elemento que cubre la intimidad y sus confesiones. Todo lo que nadie puede saber se susurra entre las mantas. Bien podrían ser mantas de pastor, denominadas en algunas zonas, como la de los zangarrones, tapabocas, por su función en invierno, aunque en este contexto nos podrían sugerir el silencio, obligado o autoimpuesto, pero que tampoco los protegió.

Sembraré recuerdos es una historia de resistencia y acción que se desarrolla en otra visión de la relación entre Caín y Abel, y que se complementa con otros temas que acompañan y completan al principal, entremezclando y tejiendo un tapiz real que enriquece a los personajes, como el omnipresente abuso de poder de las autoridades, la delación, la emancipación de la mujer, el abandono del campo...

La obra es un texto contemporáneo y vigoroso que alza su voz contra el olvido, contra el silencio y la mutilación de la verdad con las medias palabras, y que hunde sus raíces en nuestra historia reciente y en lo rural, dibujando un escenario perfectamente reconocible no solo en los hechos, sino en el paisaje y los sentimientos.

 

 

María Jesús Bajo Martínez

Call 

123-456-7890 

Email 

Follow

  • Facebook
  • Twitter
  • LinkedIn
  • Instagram