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Reseña sobre una trilogía inventada

Raúl Hernández Garrido, Escritor, guionista y realizador audiovisual, es uno de los exponentes de la nueva dramaturgia española. Reconocido con los premios de teatro Calderón de la Barca, Lope de Vega, Born, El Espectáculo Teatral, Rojas Zorrilla, SGAE, La Jarra Azul, Premio de Ensayo Teatral Paso de Gato/Artez… Desde 1994 estrena con frecuencia, siendo traducido y representado en varios idiomas y extendiéndose su difusión por toda América.

Un mirada sobre el texto Reseña sobre una trilogía inventada de Raúl Hernández Garrido.

 

Reseña de Iris Hinojosa Pérez         

 

 

Raúl Hernández es un escritor con una proyección importante, armado de profesión y de una trayectoria de largo recorrido, como se puede ver en la extensa bibliografía que nos comparte a través de su página http://hernandezgarrido.com.

Yo desconocía su obra, en la que me he introducido recientemente y, de la que voy a osar escribir unas líneas, basándome principalmente en tres piezas cortas que él mismo me ha hecho llegar y de las que mi mente ha creado una trilogía, tal vez sobre la herida: Perpetuum mobile, Hendidura y Un día y otro.

 

La lectura de estas obras, aunque de manera parcial, me acerca al universo de este autor que se pregunta sobre la psicología humana, así como los grandes clásicos, pero desde las vicisitudes de nuestro tiempo. El misterio que se destila de estos textos es que seguimos siendo “los mismos” humanos, por supuesto, aunque (a)parezcamos tan distintos.

 

Algunos de los recursos que Raúl utiliza son la metáfora, la repetición y el juego de espejos. Intentaré describir mis impresiones, a partir de lo que se armó en mí a través de este triángulo de textos teatrales que, entre otras cosas, me han aparecido todos como recién salidos del horno. Y de hecho sí son tan actuales y el mismo autor me aclara que inéditos. Se respira la vigencia del encierro, con la pérdida y el aislamiento como protagonistas.

 

En las tres obras apenas hay anotaciones iniciales disponiendo a los personajes en la escena y ya, ahí los deja, libres, a la voluntad del lector. Sus  voces hacen el resto, hablan de lo que les está pasando, por dentro y por fuera, o quizás el lugar donde ocurren sus escenas no sea ni dentro ni fuera, sino más bien un espacio intermedio, entre lo tangible y lo onírico, un espacio transicional donde la mirada del/a espectador/a (o lector/a) da el sostén necesario para que esa suerte de léxico y simbolismos se conjugue hacia alguna dirección que le dé sentido. Ahí es donde veo la metáfora, en el conjunto de la forma, de lo que se dice o no, de lo que aparece o no, en el orden que transcurre y el ritmo... Un conjunto que de ser extraño se vuelve cercano a lo que nos ocurre a veces entre la vigilia y los sueños.

 

En las tres piezas “el juego de espejos” toma un camino particular para contarnos alguna de las facetas de nuestra especie. Con juego de espejos me refiero a la repetición quebradiza que yace armada de forma particular, o desarmada, y que genera diferenciación, o confusión, ya sea de personajes, de discursos, realidades… donde el orden no es lineal, ni todo lo que se ve es inequívoco, pero siempre nos brinda reflejos de quienes somos, de nosotros mismos y de los otros personajes. La repetición desde su vertiente transformadora.

 

También destaca el carácter destructor de la insistencia cuando no sirve para nada, cuando no se aprovecha para revisar, elaborar, resignificar, tomar impulso, dar un paso y crecer. En Perpetuum mobile nos habla lo mortífero de las relaciones vertebradas por el miedo y la violencia que éste genera y alimenta. Y lo hace a través de un texto casi del orden de lo poético, con unos diálogos estructurados como pieles paralelas de una superficie circular de donde emerge una sensación de bucle casi sin sentido.

 

En Hendidura de nuevo, esta vez a través de la autosuficiencia y el goce del aislamiento. Ella pone tanto cuidado para no romper su fantasía hecha a medida, sin fisuras, sin límites, sin alteridad, tan alejada de la posibilidad de realizarse. La superficie plana y lisa, la pantalla, el espejo, los escudos que protegen del “otro”, de lo incontrolable, lo desconocido que nos puede hacer temblar y crecer por dentro. Un actualizado retrato del Mito de Narciso. En este texto la repetición vuelve y se introduce a nivel formal, como un eco erosionador, un esbozo sobre esbozo sobre esbozo que se va determinando.

 

Un día y otro aparentemente son dos voces que a mi parecer bien podrían ser todas o tal vez una sola. Personajes de nuevo dejados en un espacio incierto, en una dimensión casi metafísica, donde pueden volverse símbolos, donde podrían ser cualquier cosa, todas las voces, todos los seres queridos, los malheridos, los supervivientes, nosotros, un día… u otro. Tal vez.

 

En definitiva, Raúl Hernández nos invita a ser leído y escuchado en profundidad, haciéndonos preguntas existenciales desde la cotidianidad, y dejándonos ese espacio suficiente para que la respuesta no sea tan certera. La riqueza de vocabulario, así como las diversas herramientas formales que despliega nos ayudan a acercarnos a ese universo complejo, lleno de particulares matices, constelaciones y agujeros negros.

 

 

 

                                                            Octubre 2021, Avià (Barcelona).

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